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Ni la luna

Saludos a tod@s! Soy Jenna, la otra compañera acompañando a las mujeres en el centro femenino con la María. Por cuestiones de la vida  y por los mil compromisos que tengo, no he podido escribir hasta ahora, pero agradezco a la María por tomar el tiempo tan necesario para compartir las voces poderosas de estas mujeres cuyos lamentos y esperanzas no saldrían del centro sin el esfuerzo de ella.

Hoy compartiría dos poemas. La primera es escrita por una joven de 17 años que tiene una sentencia de 8 años. Tengo 4 meses de estar escribiendo con ella, pero la semana pasada cuando escribió este poema, era como si una luz alumbró en sus ojos y me dijo “ah, chis, de esa se trata la poesía!?” Empezó a escribir de una forma más creativa, utilizando imagines para alcanzar los sentimientos de desesperación que se siente a frente al sentencia larga que le han dado.

Como dice su poema, el centro, para ella, es como “una guardería donde solo hay bichas que han andado en la calle igual que yo.”  En el centro, los dormitorios están divididos por pandilla, pero las chicas están mezcladas hasta la hora de dormir. Las leyes de la pandilla funcionen aun adentro del centro. Si alguien rompe una regla de la pandilla, a lo mejor recibirá una  buena paliza por las demás chicas que pertenecen a la misma pandilla. La autora de “Ni la luna me acompaña” me dijo, “ellos [los pandilleros afuera de la carcel] saben cada vez que cago,” a cerca del tema del monitoreo de las actividades de las chicas, aun presas.

Pienso en el discurso de rehabilitación y reinserción en la sociedad y honestamente no creo como lo puede lograr en este ambiente de desesperación, alta presión, y bastante influencia de la pandilla, aun encerrada. Lo que sé de justicia restaurativa, de la incorporación de la comunidad en la integración del ofensor (que siempre ha sido víctima también en un dado momento), del enfoque en la sanación de heridas hacia personas (y no solamente del ley), me da mucho más esperanza que el sistema penitenciaria actual. Sin embargo, con la presencia tan extensiva que tienen las pandillas en este país, tendría que ser un iniciativo bastante amplio y valiente para poder tener resultados.

Aquí les comparto el poema de esta joven escritora.

Ni la luna me acompaña

Me dieron 8 años en este guardería
donde solo hay bichas que han andado
en la calle igual que yo.
Por un lado me siento en medio de mierdas
por estar juntas
Mi lema es juntas pero no revueltas.
Eso me ha hecho que me deprima.
Mi soledad es como una estrella sin el universo,
como un sol sin fuego,
como un pescado en medio del mar
Cuando me pongo a pensar en los 8 años
me da fuerza para intentar a salir de este lugar
pero a la misma vez
es como estuviera en medio
de una tormenta y un tsunami.
Las olas me atrapan
y yo quiero luchar por salir
y viene otras más fuertes
y me hunden para en medio
de un desierto sin agua.
Veo el sol ardiéndome
y mi garganta secándose
queriendo una gota de libertad.
La psicóloga me dice
que puedo llegar a probar
esta gota—este permiso custodiado—
dentro de 2 años y medio
pero yo lo siento tan lejos
como la luna
que ni me dejan acompañar
en estas noches largas
encerradas.


Les comparto el poema de una joven de 22 años que ha pasado 3 años encarcelada por un homicidio que no cometió.  Ella es una mujer increíble. Es orgullosa de sus raíces indígenas, escribe poesía impactante sobre la lucha de su gente y el dolor que ha vivido, y tiene el don de ayudar a los demás. Quiere salir para trabajar en una ONG feminista y ayudar a las comunidades más pobres en su país.

Ahora, recibí las malísimas noticias de que ahora en su audiencia el juez no le dio libertad, como había esperado ella. Ahora, en vez de empezar su vida afuera, caería en la misma desesperación de estar encerada hasta noviembre. Al ver la luz y potencial en esta mujer revolucionaria, me da tanta tristeza saber de que el sistema a ocultado la luz de esta mujer que tanta quiere salir y brillar.

Aun así, ella es capaz de escribir del agradecimiento. Ella es una de mis mejores profesores. Cada día que voy al centro, a veces animada y a veces matada del cansancio, espero las lecciones de las profesoras que siempre me encuentran allí. Estas mujeres me abren sus vidas, y me comparten las enseñanzas que se han acumulado a través de los pocos años que han vivido llena de una cantidad sorprendente de dolor, amor, y sabiduría.

Esta joven maestra mía me enseña agradecerle a la Vida a pesar de todo lo difícil que nos toca vivir. Si ella todavía agradece aun encerada, quien soy yo para pasar los días con quejas?

Agradecimiento

¿Cómo agradecer?
Muchas veces nos preguntamos
pero el solo hecho de despertarnos
es un motivo de agradecimiento.
Solo sabemos culpar a Dios
por nuestros problemas
pero nos olvidamos de agradecer
por la vida que a pesar de nuestros faltas
el nos da porque cada mañana
el hace salir el sol
que con cada uno de sus rayos
nos muestra su amor
que con cada ráfaga de viento
nos da un abrazo
que en cada gota
de lluvia deja un beso
sobre un rostro triste
Por esto y más tenemos que mostrar
nuestro agradecimiento.